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Según la famosa instructora Xuan Lan, «el yoga no es el destino, sino el camino»; un método que nació en la India hace más de 4.000 mil años y que te cambia la vida según dicen. Y es que su impacto en la salud mental resulta notoria, aunque para disfrutar de estas ventajas haya que practicar de dos a tres sesiones semanales, según los neurocientíficos. En la actualidad, los beneficios del yoga son tan conocidos y valorados que existe una disciplina para cada necesidad (y se han convertido en un reclamo en los gimnasios). Entre las variedades, encontramos desde el Bikram yoga (el que se realiza a 42º de temperatura y es perfecto para eliminar toxinas), el Aeroyoga (en el que literalmente te ‘cuelgas’ del techo y sientes la ingravidez), y otras más tradicionales como el Sivanda Yoga o el Hatha Yoga; aunque todas se basan en conectar cuerpo, mente y emociones utilizando la respiración y las posturas corporales.
A medio camino entre una actividad deportiva y un método de meditación, la práctica del yoga cautiva a quien la ejercita. La progresión en los movimientos la marcas tú y guiada por un buen maestro que mida las posibilidades de cada uno. De hecho, se considera una de esas escasas disciplinas para todos los públicos, de 0 a 90 años. Por si fuera poco, se puede realizar en cualquier lugar, y sus beneficios holísticos están sobradamente avalados por la ciencia. Respira hondo y lee con atención todo lo que el Yoga puede hacer por ti.
Según un estudio realizado Ronald C. Kessler, sociólogo y profesor en el Harvard Medical School de Massachusetts, la practica habitual del yoga disminuye el estado de ansiedad y el estrés de manera similar al de una terapia médica convencional ( aquello de tomar ansiolíticos).
Otro estudio realizado por la Fundación para la investigación del Yoga Swami Vivekananda demostró que las personas que realizaban yoga tardaban 10 minutos menos de media en quedarse dormidas, e incrementaron el número de horas que dormían en un promedio de una hora más por noche. Además, expresaban la sensación de estar más descansadas por la mañana. Funciona igual que esa recomendación que imparten los gurús del sueño.
Si tu trabajo te agota, no te gusta o te mueves en un hábitat laboral muy competitivo, el yoga puede ayudarte a salir del atolladero sin cambiar de trabajo. De nuevo otro estudio hindú que analiza cinco indicadores del rendimiento laboral (satisfacción, compromiso, resultados, implicación emocional y relaciones sociales con los compañeros) ha demostrado que los beneficios del yoga se apreciaban para el trabajador en cuatro de los cinco puntos analizados, solamente el nivel de compromiso quedó exento de sus bondades.
La atención a la respiración y la meditación que se incluye en la práctica del yoga, hacen posible alcanzar un estado mental más sereno, alejando nervios y estrés ante la presión de los estudios y mejorando el rendimiento. O lo que es lo mismo, estudiar menos y aprender más y más rápido. Mejor una hora de yoga que una noche en blanco a base de café para superar un examen, una oposición, una entrevista laboral,….
¡Y sin agujetas! Si se realiza de manera progresiva y adaptada, el yoga evita que el ácido láctico se acumule en el cuerpo, además de reforzar los huesos evitando la pérdida de masa ósea y potenciar la flexibilidad de las articulaciones. Un gran antídoto natural contra la osteoporosis, por ejemplo.
A pesar de que al principio las posturas parezcan propias de un contorsionista, a medida que se avanza en su práctica, el yoga contribuye a potenciar la flexibilidad muscular. Cruzar las piernas en la postura del loto te resultará un juego de niños, y te servirá como plataforma para practicar tu deporte favorito evitando en gran medida el riesgo de lesiones.
Con una práctica bien adaptada, el yoga es muy efectivo para paliar la mayoría de los dolores crónicos como el dolor de cuello, la artritis reumatoide, dolor de rodillas, lumbalgia, dolor de espalda crónico, ciática o fibromialgia, entre otros. Eso sí, es imprescindible contar con la buena guía de un maestro yogui para evitar lesiones.
Sí hay estudios recientes que sugieren que el yoga y la meditación ayudan a proteger el ADN de los daños provocados por el estilo de vida o el natural paso de los años. Se ha demostrado que su práctica habitual es capaz de reducir la edad biológica ya que tiene una incidencia directa sobre la telomerasa, esa famosa enzima clave para proteger los telómeros, los extremos de los cromosomas que se acortan en cada división celular, que cuanto más largos sean, más vida nos auguran.
Una promesa que atrae a muchos y que se ha demostrado científicamente. Algunas investigaciones han consensuado que la práctica del Vinyasa Yoga implica un gasto calórico promedio de 7 calorías por minuto, lo que equivale a quemar unas 507 calorías por hora. Ideal como complemento a una dieta de adelgazamiento o para mantener la báscula a raya.
La respiración yóguica, también denominada como abdominal o diafragmática –en la inspiración se inicia en el abdomen para continuar en la zona intercostal y terminar en la clavícula, y en la espiración sigue el recorrido a la inversa–, incrementa la oxigenación de las células. Además, respirar de manera profunda y a un ritmo pausado ralentiza el ritmo cardiaco y relaja los músculos. De hecho, es una técnica perfecta para la preparación al parto o para abordar cualquier situación en la que el dolor tenga visos de aparecer (un retoque de los labios con ácido hialurónico, por ejemplo).
O lo que es lo mismo, contribuye a deshacer los tinglados hormonales que el estrés organiza en el organismo elevando el nivel de cortisol, ya que combina en una misma práctica movimiento y relajación y contribuye a equilibrar el sistema nervioso. Lo mismo ocurre con el colesterol, son muchos los estudios que avalan que la práctica asidua del yoga ayuda a controlar la presión arterial y la acumulación de la grasa en las arterias; lo que palia la posibilidad de sufrir un accidente cardiovascular (infartos cerebrales o coronarios).
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